lunes, 7 de julio de 2008

Dar cobijo




Había llegado a mi nuevo destino perdido en las montañas, sola sin conocer a nadie. No sé si alguno de mis alumnos leerá este blog pero fueron para mí vitales, su ayuda dentro y fuera del aula me sirvió para no desfallecer. Cayó entonces en mis manos "El albergue de las mujeres tristes" y fue la respuesta a mis plegarias.Y volví a releer fragmentos de "Cien años de soledad" los Buendía y Macondo me hacían la vida más llevadera.
Desde aquí un abrazo enorme a todos los alumnos de Ponts con los que aprendí tantas cosas y pasé tan buenos momentos.
Allí aprendí a vivir en soledad y empecé a amar mi profesión.


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